Se acerca el invierno. Valladolid se vuelve más bonita. Y yo, más triste.
Mediados de Octubre. Y con Octubre, los días de mis días sin ti.
Se nos escapa el tiempo, se consume, se agota. Sarcasmo del destino, nunca supe retener el tiempo entre mis dedos. Tus monstruos me hablan de fechas, de cuenta atrás. Yo les remito a tus brazos, donde las agujas no corren, ni siquiera caminan.
Vamos, abre el champagne. Möet, no podía ser de otro modo. Brindemos por esta caprichosa ironía del destino. Y mientras, no me preguntes por qué no te miro a los ojos. Aléjame los calendarios; pistolas sin seguro, cargadas de paciencia, de días sin verte, semanas sin tocarte.
1107 kilómetros de distancia, para sentirnos más juntos que nunca. Nada ni nadie me puede hacer cambiar de opinión, porque desde el primer día que te vi, entre folios y trompetas, supe que era imposible mirarte y no amarte en el intento.







