miércoles, 16 de julio de 2014


Sí. Lo volvería a hacer. Te elegiría de nuevo entre todas las cosas. Te otorgo el poder de romperme por dentro. Aquí y ahora o en diez días viendo el mar, envido todo si me sonríes, y pierdo la noción del tiempo si me miras.

Hoy, como cada noche, dormiré contigo. Contigo aunque no estás. Contigo.

Si tu sonrisa por la mañana es el preámbulo de mis días, ¿cómo podría algún día acabar?

Si mis pies y tus caderas se ponen a bailar, ¿cómo hago para no morirme por tenerte?

Si me muero por tenerte a corto plazo eternamente, ¿qué hago para no separarme nunca de ti?

Si la vergüenza que siento cuando me miras sólo es comparable a las ganas que te tengo, ¿qué tengo que hacer para que nunca dejes de mirarme?

Tú. La única persona capaz de pegar los pedazos de mis días más rotos. Echarte de menos, eso que sucede cuando no me pasas, cuando eres sin estar, cuando compartimos tiempo pero no espacio, cuando no son ganas, es impaciencia.

Pues eso... que te quiero.