Los primeros rayos de Marzo marcan el fin del invierno. Eterno mes de sensaciones contrapuestas abrazadas a nuestro recuerdo, de palabras que no huyen, de susurros que sueñan con escapar, de sueños idílicos atados a la pata de mi cama y un corazón que se estremece al sentir tu susurro eterno vagando por mi cabeza. En ocasiones todo toma un tinte exorbitantemente complejo; en otras, aunque nos neguemos, resulta tan sencillo como ponerse en pie y auto-proclamarnos dueños de nuestra vida, de nuestros sentimientos. A veces no es temor a sentir, es miedo a tener que olvidar. Ocasiones en las que tan solo necesitamos reaccionar, más bien, que nos hagan reaccionar. Evolucionar, permutar nuestra forma de pensar, de concebir la vida. Si algo he aprendido es que esta vida no es para cobardes, que esta vida no tolera a los que se rinden.
Mañanas de Marzo, rayos de sol reflejados en el lago y tu olor inundando el ambiente. Sonrisas fugaces sin razón, escondiendo motivos desconocidos. Claro que está permitido equivocarse, es necesario diría yo. Porque en definitiva la vida no es más que aprender de nuestros errores, aprender a que no duela. Aprender que todo lo que hoy nos alumbra, un día se apagará. Aprender a fundirnos con esa luz que hoy nos alumbra, porque así será nuestra por siempre, porque así nunca dejará de brillar.




