sábado, 31 de mayo de 2014

creo en ti



Amanece. El alba cae de nuevo sobre mi rutina, y tú a mil juramentos de distancia. Debería ataviarme, que los estragos de anoche no se van a arreglar solos. Y es que recordar es enredar el corazón. 

Bienvenida a mis desastres. Al fondo hay sitio, me queda alguno por cometer. Mientras tanto promete no soltarme en esta tempestad. Convénceme de que ya no la echo de menos, que necesito acariciar tus labios teñidos de rojo Tiziano. Grítame con la mirada, tápame la boca con un beso, convierte mis desastres en aciertos. Pon a prueba mi autocontrol, haz que el tiempo me ponga en tu lugar, no lo merezco, lo necesito. 

Hazme sonreír cada vez que me despides. Haz de tus llamadas una canción de protesta, hazme reaccionar. Haz que odie dormir solo, o mejor, dormir sin ti. Haz que suplique que te quedes, que susurre tu nombre en mis sueños. 

Danza con mis celos, encélate con nuestro baile. Hazme olvidar los números, que no me salgan las cuentas.
Haz que una de tus caricias le de valor a todo lo anterior.

Vivo de tu silencio, disfruto de tu sonrisa, creo en ti. 




Gracias por seguir, a pesar de todo, ahí de alguna forma


martes, 15 de abril de 2014

standby



Nos acostumbramos a soñarnos eternos en nuestro parque, nuestro baile, nuestro abrazo. Cuando el reloj sólo marcaba el tiempo que nos hacía inmateriales corriendo calle abajo. Ahora el reloj es una fina cuerda y nosotros dos funambulistas a punto de caer. No lo pudimos ver, o quizás no quisimos; y Sabina avisando que alguien nos estaba robando Abril...

Porque cada invierno estamos en standby, sólo una foto en blanco y negro impide nuestro olvido. Coño, pero que bien suena la primera persona del plural saliendo de tu boca. Aunque sea a voces, dímelo, a mí me vale.

No conoces mi ciudad, ni sus parques, ni sabes que Valladolid cencellea cuando te sabe triste; y a pesar de ello ya te conocen lo vasos de los bares, las canciones de Vetusta y el Pisuerga siente celos cuando le hablo de nosotros a orillas del Manzanares. Le cuento que aprendí a sobrellevar la añoranza abrazando el fondo de cada vaso, invocando cada pedazo de felicidad repartida en instantes e interponiendo un paréntesis en la afonía de mi recuerdo.

Ganas de visitar tu rincón, ese ático del que tanto me hablas. Necesitaremos tres estanterías, una para mis revistas, otra para tus vinilos y la otra para nuestros recuerdos. Lo dejo en tu mano. Prometo dejarte romper los botones de mi camisa, recuerda que del corazón aún no hemos hablado.


jueves, 20 de marzo de 2014

mañanas de Marzo


Los primeros rayos de Marzo marcan el fin del invierno. Eterno mes de sensaciones contrapuestas abrazadas a nuestro recuerdo, de palabras que no huyen, de susurros que sueñan con escapar, de sueños idílicos atados a la pata de mi cama y un corazón que se estremece al sentir tu susurro eterno vagando por mi cabeza. En ocasiones todo toma un tinte exorbitantemente complejo; en otras, aunque nos neguemos, resulta tan sencillo como ponerse en pie y auto-proclamarnos dueños de nuestra vida, de nuestros sentimientos. A veces no es temor a sentir, es miedo a tener que olvidar. Ocasiones en las que tan solo necesitamos reaccionar, más bien, que nos hagan reaccionar. Evolucionar, permutar nuestra forma de pensar, de concebir la vida. Si algo he aprendido es que esta vida no es para cobardes, que esta vida no tolera a los que se rinden.

Mañanas de Marzo, rayos de sol reflejados en el lago y tu olor inundando el ambiente. Sonrisas fugaces sin razón, escondiendo motivos desconocidos. Claro que está permitido equivocarse, es necesario diría yo. Porque en definitiva la vida no es más que aprender de nuestros errores, aprender a que no duela. Aprender que todo lo que hoy nos alumbra, un día se apagará. Aprender a fundirnos con esa luz que hoy nos alumbra, porque así será nuestra por siempre, porque así nunca dejará de brillar.



lunes, 17 de febrero de 2014

una nueva sinfonía



Pensé durante una larga temporada cómo decírtelo.  Ahora me doy cuenta que más bien meditaba en cómo decírmelo a mí mismo. Supongo que escribirlo resulta demasiado fácil. Para mí escribir es reír, llorar, cantar y gritar mis sentimientos en una hoja en blanco. Vamos allá...

¿Sabes algo? Ya no siento la necesidad de agachar la cabeza cuando pasas a mi lado. Tampoco me sale esa tonta sonrisa hasta darme cuanta de que no te acercarás. No se me estremece el corazón cuando te veo con él, ni me derrito cuando me hablas mirándome a los ojos. Quizá sea cierto que al fin y al cabo, todo tiene un principio y un fin, aunque no se muy bien dónde está cada uno de ellos. Supongo que ya no soy lo suficientemente joven como para saberlo todo.

No sabes lo que me costó despegarme de tus afiladas espinas, anestesia pura para mis sentidos. Hasta hoy y nunca más, hasta este preciso momento en el que cambio para siempre la banda sonora de mi vida.

Una nueva sinfonía que me permite alzar mi voz por encima del ruido que nos envuelve. No entiendo porqué pero estás cambiando mi visión del  mundo, de mi mundo en realidad. Tú, que adoras pasear por la cuerda floja que une el acantilado que separa nuestras sonrisas...

lunes, 16 de diciembre de 2013

mirada atrás



¿Te diste cuenta? Ya no hay saludos. Ya no leo tu "buenos días" al despertar, ni cierro los ojos deseándote "buenas noches". Ha cambiado todo tanto... Pero me niego a echarte de menos, no quiero soportar otro adiós, y menos si es de ti. Siempre que se piensa en alguien justo antes de dormir y sin poder remediarlo de nuevo con la primera luz del alba es que esa persona es la responsable de tu alegría o tu desconsuelo, dime, ¿tu quién de los dos eres en mí? Porque ya no lo se..

Antes éramos uno, ahora quizá dos (des)conocidos. Antes moría al verte reír, ahora me conformo con saber que eres feliz, desde lejos. Esos pequeños detalles que me decías que carecían de importancia si a tu lado está esa persona, y lo que hiere saber que esa persona no soy yo.

Pasará el tiempo, pero por muchas sonrisas que me cruce por el camino, no podré quitarme la idea que dejé algo atrás, olvidado en algún lugar. Un trozo de este insensato corazón quedó contigo, y tras la última copa, al salir de nuestro bar, recordaré que hubo en mi vida una chica especial, y un chico que nunca llego a ser especial para nadie.