Después de un tiempo conseguí comprenderte, me vi plasmado en tus risueños ojos, me sentí por un instante, el niño de tus ojos. ¿Y si le hubiéramos puesto fin ahí? Nuestra mirada se hubiera encargado de guardarnos el uno al otro para siempre. Aquel día supe que quería permanecer para siempre encerrado en tu pupila, hacer que tuvieras para siempre brillo en los ojos.
Pero en este mundo los comienzos y finales no existen, las partidas y llegadas son demasiado relativas. Cada instante anterior ha muerto. Somos alguien nuevo a cada momento. Cada nuevo instante, cada nuevo segundo me vuelves a conocer.
Yo sólo soy real cuando tus ojos me miran, y muero en el instante en el que los cierras..








